CÁTEDRA ZARAGOZA VIVIENDA

Convenio de colaboración entre la Sociedad Municipal Zaragoza Vivienda y la Universidad de Zaragoza

Estrategias de sostenibilidad en la vivienda: edificios nuevos vs. edificios rehabilitados


Margarita de Luxán, Dra. Arquitecta, Catedrática de la Universidad Politécnica de Madrid.
Gloria Gómez Muñoz, Arquitecta.
Emilia Román López, Arquitecta, Profesora Asociada de la Universidad Politécnica de Madrid.

Marzo de 2013

Nada es menos ecológico ni insostenible que los prototipos o soluciones universales, aunque pretendan ser el resultado de la adecuación medioambiental de la Arquitectura. Los climas, la variedad de materiales accesibles en cada zona, las diversas condiciones geográficas y las distintas culturas del habitar, marcan orientaciones hacia soluciones específicas que habrá que estudiar y desarrollar para cada opción concreta.

Tradicionalmente la formación y el ejercicio del arquitecto se ha dirigido hacia la nueva edificación, al igual que las normativas técnicas y urbanísticas, muy condicionadas por este enfoque. Sin embargo, las actuales circunstancias obligan a replantear todas estas cuestiones y a ofrecer nuevos enfoques para la intervención en la edificación existente y en la realización de nuevas construcciones, especialmente en el caso de la vivienda como uso más extendido de nuestra edificación.

Este artículo pretende identificar las similitudes y diferencias en la redacción, ejecución y posterior uso de dos tipos de actuaciones encaminadas hacia los edificios de obra nueva y la rehabilitación de edificios existentes, ya que entendemos que, de esta manera, el trabajo de los profesionales ofrecerá soluciones más aproximadas a las demandas de la sociedad y, por tanto, más eficaces en la reducción del consumo de recursos asociado a la edificación.

Tener en cuenta lo particular y específico de cada edificio y su entorno. Cada vez más llegamos a la conclusión, en el campo de la arquitectura integrada en el medio, de su especificidad para cada caso, para cada lugar y para cada ambiente. Por otro lado, las estrategias de adaptación ambiental de los proyectos deberían ser diferentes si nos referimos a los proyectos de edificios nuevos que a actuaciones sobre edificios existentes. Hay que aprender de lo existente, como indicador de las condiciones ambientales, y reconocer las condiciones y circunstancias en cada caso para particularizar críticamente y no aplicar acríticamente soluciones “utópicas”.

(R.A.E. utopía o utopía: lugar que no existe).

Analizar el proceso completo y todos los factores que intervienen para establecer las prioridades. Para descubrir las posibilidades de mejoras en la sostenibilidad e incidencia de la arquitectura en el medio ambiente, se debería analizar el proceso completo que engloba la edificación y el uso de lo construido, y relacionarlo con el cambio y la evolución de las condiciones del entono en que se encuentra.

Tener en cuenta lo global para buscar soluciones, cuantificando la eficacia de cada actuación y la del conjunto. Habitualmente al hablar de la edificación, se valora la adecuación o la consciencia energética de los edificios en función principalmente del consumo, el gasto o ahorro energético en la climatización e iluminación durante su uso, así como la contaminación que produce en su entorno inmediato. Pero las relaciones entre la edificación y el medio ambiente son mucho más extensas y complejas; si se analiza la actividad entera que implica el proyecto para una construcción, se debería valorar su incidencia medioambiental en todo el proceso. Según las fases del proceso edificatorio y el tipo de obra que se quiera acometer, las estrategias de sostenibilidad son muy distintas.

El análisis de las condiciones del lugar y el entorno es imprescindible, tanto en la obra nueva como en la rehabilitación. Cuanto más pormenorizado sea el análisis del lugar, teniendo en cuenta las condiciones de partida y su posible evolución, más específicas, sintéticas y ajustadas pueden ser las soluciones posteriores.

Tener en cuenta condiciones dinámicas, temporales y evolutivas. El análisis de previsiones del consumo energético habitual se sitúa en un escenario climático donde las condiciones de base son las pertenecientes a un periodo previo pasado, derivado de la fecha de aparición del Código Técnico de la Edificación y basados en diez años de recogida de datos. Por lo tanto, lo más actualizado correspondería al periodo de 1995-2005, cuyas medias de temperaturas y otras condiciones climáticas serían, aproximadamente, las características del año 2000.

Tener en cuenta el tiempo de vida y la durabilidad de los edificios y las soluciones. Sin embargo, teniendo en cuenta los parámetros de la sostenibilidad, los proyectos se deberían realizar considerando que los edificios deben durar lo más posible, por lo que dicho escenario climático será obsoleto a lo largo de toda su vida útil en lo que se refiere a las condiciones climáticas medias. A tal respecto, la Agencia Estatal de Meteorología1 plantea una serie de escenarios climáticos que serán con los que previsiblemente haya que gestionar los proyectos que se propongan.

Cambiar y revisar los modos de comunicación con los clientes/usuarios. En las relaciones con el cliente sí podemos encontrar claras diferencias entre los edificios de viviendas de obra nueva y los edificios rehabilitados. En los primeros lo habitual es que hay un cliente promotor que una vez terminada la construcción no permanece en la misma y que posiblemente pueda repetir encargos sucesivos. Aunque este promotor no va a pagar los futuros consumos energéticos en el uso continuado del edificio, puede estar interesado en conseguir un edificio con algún tipo de sello de sostenibilidad, ya que puede servir para posicionarlo mejor en el mercado.

Estudiar la “amortización” y “el ahorro energético” en la realidad social. En la rehabilitación de un edificio de viviendas hay muchos clientes a la vez, que pueden tener distintos puntos de vista y sensibilidades, que conocen y permanecen en el edificio tras la actuación. Es habitual que estos usuarios no tengan información, ni conocimientos, sobre temas de edificación y normativa, por lo que es necesario prestar mucha atención para lograr una comunicación inteligible con ellos. En este tipo de obras el usuario paga y pagará, antes y después de la rehabilitación, los gastos derivados de los consumos energéticos. Por eso, se debe facilitar información sobre posibles soluciones alternativas, dando datos técnicos y económicos, de las afecciones al uso durante la obra y no ocultar los inconvenientes a los usuarios antes ni durante la rehabilitación.

Conocer el origen de los elementos y sistemas para adecuarlos a nuestras condiciones ambientales y sociales. Durante el desarrollo del proyecto, en el caso de la obra nueva el diseño de la forma, la elección de los materiales e instalaciones se pueden plantear desde el inicio adecuándose a las condiciones del lugar y a las tendencias climáticas. En la rehabilitación es necesario un conocimiento exhaustivo del edificio sobre el que se va a intervenir, no sólo desde el punto de vista constructivo, sino el comportamiento energético del mismo en relación con el confort y las necesidades de los usuarios. En ese sentido, el desarrollo del proyecto se debe basar en “gestionar” lo proyectado, buscando soluciones que se puedan adaptar a lo existente y a las modificaciones que haya sufrido el edificio.

Buscar la sostenibilidad global. En ambos casos, edificio nuevo o rehabilitado, y desde la óptica de la sostenibilidad hay que considerar que la construcción es un proceso, dilatado a lo largo del tiempo,  que se inicia con la extracción de materias primas para su transformación, primero en materiales de construcción y luego en edificios. Por ello, aunque el mayor consumo energético se produce durante el uso, es importante considerar los gastos energéticos y procedimientos para la fabricación de sistemas constructivos y equipos de instalaciones, así como su transporte.

Revisar las prioridades de la puesta en obra y comparar las distintas opciones para optimizar los recursos. La construcción, como proceso, también incluye la puesta en obra, y los medios y maquinaria asociados. La adecuación y reorganización para la puesta en obra, implica la consideración de las mejoras en los rendimientos de maquinarias y su diseño, y un mayor cuidado en el tratamiento provisional y temporal de las condiciones naturales del entorno afectado, que en función de cómo se realice esta planificación puede ser próximo o lejano al lugar de la ejecución. Por ejemplo, la reutilización de  la tierra de las excavaciones para su aplicación en obra, evita el transporte a vertederos y las contaminaciones derivadas. Además habría que valorar las mejoras incluyendo la energía contenida en los materiales de los edificios existentes.

Adaptar y traducir sistemas provenientes de soluciones realizadas para condiciones físicas, climáticas y socio-económicas distintas. En el caso de la rehabilitación de viviendas, además de estas consideraciones hay que prever soluciones que puedan ejecutarse desde el exterior, porque lo habitual es que no sea viable el desalojo de los vecinos. Su presencia durante la obra implica que las actuaciones que se planteen minimicen las operaciones que impliquen golpes y acciones que puedan crear miedos en el usuario, como la aparición de grietas o temblores. En el caso de demoliciones, los impactos provocados durante la rehabilitación de edificios existentes son considerablemente menores que la sustitución por otros, al minimizarse el consumo de energía, la producción de desechos y el consumo de materiales, así como la contaminación derivada de su transporte.

Revisar la información respecto a la realidad existente y su evolución frente a la aplicación de programas informáticos de simulación incompletos. A partir de los datos sobre las proyecciones de cambio climático, y de cara a la valoración de la eficacia de las posibles actuaciones, se pueden extraer varias conclusiones en relación al consumo de energía y de recursos durante el uso. Independientemente de las actuaciones sobre los edificios, en todas las localidades españolas, teniendo en cuenta las proyecciones de cambio climático, cambiaría la zona climática asignada por la normativa actual. En general se prevé una reducción de la demanda de energía para la calefacción. Por tanto, independientemente de las actuaciones que se realicen en la envolvente disminuirá el consumo de energía para calefacción. Por el contrario, se incrementará la demanda de energía para refrigeración, que cada vez tendrá mayor peso e influencia para alcanzar las condiciones de confort. Será más significativo en los casos en los que no se prevea algún tipo de actuación, sobre todo la protección solar de huecos. Este cambio de configuración de las necesidades en la climatización de las viviendas implica que las estrategias destinadas a impedir el calentamiento del espacio interior en los meses de verano, principalmente las protecciones solares, adquirirán una mayor eficacia para reducir la demanda energética, y será muy importante en el caso de climas cálidos. En el caso de no intervenir sobre los edificios, el cambio de las condiciones climáticas implicaría una reducción del consumo entre el 5% y el 40% en zonas frías. Hay que proyectar las edificaciones para las necesidades de confort en calefacción en invierno en las condiciones actuales, y para las necesidades de confort en refrigeración para verano, en las condiciones previsibles de cambio climático, adecuadas a la duración del inmueble.

Los escenarios de cambio climático de la Agencia Estatal de Meteorología también prevén que en unos años se reducirán considerablemente las precipitaciones en casi toda la península. Por tanto, las innovaciones orientadas hacia el ahorro del consumo de agua serán cada vez más urgentes, aunque el precio del agua en nuestro país, muy bajo respecto a los del resto de Europa, no los marca aún como prioritarios. La utilización del agua, tanto a nivel de recogida de la de lluvia en la ciudad y los edificios, como de posible reciclado en el uso doméstico, es un tema que habrá que proponer en un futuro próximo.

Analizar los sistemas en las condiciones actuales y si no son totalmente recuperables en las condiciones originales hay que completarlos e innovar. La elaboración de proyectos de viviendas desde la lógica de la sostenibilidad, tiene que permanecer abierta y atenta a los cambios y mejoras que se deriven de una mejor información y adecuación en muchos campos confluyentes. Hay que tener en cuenta que se realizan para una realidad en constante transformación y evolución de las condiciones climáticas y medioambientales, las condiciones territoriales y urbanas, los precios y tipos de energías, las condiciones sociales, los sistemas constructivos y de fabricación de materiales, las sinergias entre diferentes tecnologías, así como los conocimientos y sus límites.

Además hay que considerar que, en la mayoría de los casos, los edificios nuevos o a rehabilitar se encuentran insertados en un sistema urbano existente, cada día más complejo y con unos condicionantes externos que debemos tener siempre presentes para la toma de decisiones en los proyectos.

La rehabilitación energética es una base para la creación formal y técnica. Hay que estudiar las posibilidades de aprovechar lo existente, pero con una visión crítica de las circunstancias actuales y no destruirlas negando innovaciones futuras.

1 Disponible en http://www.aemet.es


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Esta entrada fue publicada el 10 abril, 2013 por en Eficiencia energética, Foro Cátedra Zaragoza Vivienda, Vivienda.