CÁTEDRA ZARAGOZA VIVIENDA

Convenio de colaboración entre la Sociedad Municipal Zaragoza Vivienda y la Universidad de Zaragoza

Lejos del Gueto. La segregación residencial en el área metropolitana de Zaragoza

Daniel Sorando es trabajador social y licenciado en sociología. Está realizando su doctorado en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociología de la Universidad Complutense de Madrid.

Normalidad y gueto son los mitos que estructuran las representaciones sociales dominantes sobre las ciudades actuales. En síntesis, la figura del gueto se define como una concentración étnicamente homogénea que genera un fragmento de la ciudad regido por valores (normas, culturas, religión) ajenas a la tradición de la sociedad local, cuyos principios son definidos como normales y, por tanto, de obligada defensa frente a los efectos disolventes de los recién llegados, inquietantes, incómodos, amenazantes (Alonso, 2012).

En su articulación, normalidad y gueto configuran un relato que puede ser definido como mítico en la medida en que encarna las tendencias, aspiraciones y temores de la sociedad que lo (re)produce (Eco, 1965). En este caso se trata de la ansiedad por la aculturación y la renuncia a su identidad de las comunidades étnicas recién llegadas a la presunta normalidad de las ciudades occidentales. Desde esta perspectiva, la asimilación se concibe como un requisito para el orden social, alcanzado a través de un proceso mediante el cual se niega una de las características fundamentales de las sociedades urbanas: la heterogeneidad (Wirth, 1962).

La eficacia del mito descansa sobre su característica fundacional: su base está en una historia legendaria que no requiere de comprobación. En este caso, los referentes de esta historia se remonta a las ciudades medievales, si bien encuentra su máximo exponente en los conflictos raciales ocurridos desde 1963 hasta 1970 en una serie de ciudades de los EEUU como resultado de la segregación de su población negra, así como en réplicas posteriores tales como los disturbios de 1992 en Los Ángeles.

Sin embargo, dicha referencia ha permanecido distante del contexto social de las ciudades europeas hasta la primera década del s. XXI, cuando el desigual desarrollo económico mundial ha dado lugar a unos flujos migratorios que han emplazado al “otro” en las sociedades urbanas del viejo continente y, con ello, han activado el mito del gueto y el riesgo de la pérdida de la identidad normalizada en unas sociedades urbanas europeas reticentes a la pérdida de sus posiciones de privilegio.

Los conflictos registrados en la periferia de las grandes ciudades francesas (banlieues) en el otoño de 2005 constituyen el inicio de una formidable atención tanto mediática (1) como política (2) sobre los efectos de la concentración en ciertas áreas de la ciudad de población “portadora” de la exclusión social (la underclass), con frecuencia desligada de un análisis riguroso de las causas estructurales y relacionales de su emergencia, ni de su existencia real.

Como consecuencia, el gueto se ha consolidado como la representación social dominante de los márgenes urbanos, definido como un auténtico contenedor de problemas sociales de los que ha de protegerse el resto de la sociedad urbana, así despojada de toda responsabilidad en la producción social de los espacios urbanos devaluados.

Sin embargo, esta representación social mítica carece de base socio-espacial. La marginalidad urbana europea no es equiparable a la de las ciudades norteamericanas en base a una serie de razones entre las cuales se encuentra la ausencia de fijaciones territoriales definidas por la etnia. Por el contrario, la marginalidad urbana europea se caracteriza por una diversidad de trayectorias y grupos sociales que dificultan la identidad colectiva y movilizadora de sus habitantes  (Wacquant, 2010).

Además, a diferencia de lo ocurrido en los EEUU, la presencia del Estado social en estos territorios es todavía activa, si bien declinante, mediante políticas que declaran entre sus objetivos la voluntad de contribuir en la integración social, cultural, económica y residencial de sus habitantes y usuarios.

Finalmente, la intensidad de los procesos segregativos marca una distancia fundamental entre los relatos evocados por el mito del gueto y la realidad socio-espacial de las ciudades europeas y, en concreto, españolas. En este sentido, los datos más recientes que informan sobre la intensidad de la segregación de los colectivos asociados con la formación de guetos a una y otra orilla del Atlántico son elocuentes.

Así, si se compara la intensidad de la segregación de la población afroamericana en las ciudades estadounidenses con la propia de las comunidades inmigrantes extranjeras en las ciudades españolas observamos diferencias notables. Para ello se emplea el índice de disimilaridad (3) (D), el cual mide la proporción de personas que debería cambiar su sección censal de residencia para que la distribución entre los grupos comparados a lo largo del territorio fuera uniforme.

En primer lugar, en 2010, en las ciudades estadounidenses donde reside uno de cada seis afroamericanos en los EEUU (the Ghetto Belt), la intensidad de la segregación entre blancos y negros permanecía en niveles muy altos. En concreto, sus principales exponentes son las regiones metropolitanas de Nueva York (D=0’79), Chicago (D=0’76) y Detroit (D=0’80) (Logan y Stults, 2011).

Mientras que, en el caso de la segregación entre españoles e inmigrantes extranjeros en las áreas metropolitanas españolas de rango secundario (entre las cuales se incluye la de Zaragoza), el índice de disimilaridad permanecía en 2011 en cotas moderadas (ver tabla 1), muy distantes de los valores que caracterizan al gueto negro norteamericano.

Tabla1. Índice de Disimilaridad en 2011 según zona geográfica de nacionalidad y lugar de residencia.

                         Fuente: Elaboración propia a partir de la Explotación estadística del Padrón (INE)

Por otro lado, si se emplea el criterio de segregación absoluta propuesto por Johnston et al. (2003) se obtiene la misma conclusión: en 2011 no existen barrios compuestos mayoritariamente por inmigrantes extranjeros en ninguna de las áreas metropolitanas (AM) estudiadas.

Por el contrario, las secciones censales donde los autóctonos (españoles) constituyen más del 80% de su población son predominantes (el 80% de las secciones del AM de Zaragoza), por delante de las secciones donde el porcentaje de autóctonos oscila entre el 50% y el 80% (el 20% de las secciones del AM de Zaragoza). No existen, en cambio, secciones censales clasificables ni como enclaves ni como guetos étnicos, lo cual se reproduce en los casos de las AM de Valencia, Bilbao y Sevilla.

En todo caso, apuntar la necesidad del uso social y políticamente responsable del concepto de gueto no significa negar las dificultades que enfrentan los residentes en las áreas de la marginalidad urbana sino modificar la interpretación de las mismas. En la actualidad, la representación social dominante conduce a la estigmatización de ciertos territorios a partir de un marco según el cual sus residentes son los portadores de las causas de sus condiciones de vida urbana deterioradas y, por tanto, suponen un peligro para el conjunto de la sociedad urbana.

Frente a esta aproximación, este artículo pretende contribuir en la crítica de los procesos que se desencadenan cuando, a la privación material propia de un sistema de relaciones sociales que promueve la desigualdad entre sus posiciones, se añade la atribución simbólica de un estigma o mancha del lugar (Wacquant, 2007) que alimenta distancias y exclusiones que activan procesos de profecía autocumplida, al tiempo que desvían la mirada de los procesos de producción social injusta del espacio.

Bibliografía:

ALONSO, L.E. (2012): “El concepto de gueto como analizador social: abriendo la caja negra de la exclusión social”, en González, I. (ed.): Teoría social, marginalidad urbana y Estado penal: Aproximaciones al trabajo de Loïc Wacquant. Madrid: Dykinson.

ECO, U. (1995): Apocalípticos e integrados. Barcelona: Tusquets Editores.

JOHNSTON, R., M. POULSEN Y J. FORREST (2003): “And did the walls come tumbling down? Ethnic residential segregation in four U.S. metropolitan areas 1980-2000”. Urban Geography, 24: 560-581.

MASSEY, D. y N. DENTON (1988): “Suburbanization and segregation in U.S. metropolitan areas”. American Journal of Sociology, 94: 592-626.

LOGAN, J. y B. STULTS (2011): The Persistence of Segregation in the Metropolis: New Findings from the 2010 Census. Census Brief prepared for Project US2010. http://www.s4.brown.edu/us2010.

WACQUANT, L. (2010): Las dos caras de un gueto. Ensayos sobre marginalización y penalización. Buenos Aires: Siglo Veintiuno Editores

– (2007): “La estigmatización territorial en la edad de la marginalidad avanzada”, Ciencias Sociais Unisinos, 43 (3): 193-199.

WIRTH, L. (1962): El urbanismo como modo de vida. Ediciones 3. Buenos Aires.

(1) Entre otras referencias para el caso zaragozano:“Prevenir el gueto”, editorial de El Periódico de Aragón del 30 de septiembre de 2005 (http://www.elperiodicodearagon.com/noticias/opinion/prevenir-los-guetos_206220.html); “Evitar los guetos y la infravivienda”, editorial de Aragón Digital del 4 de noviembre de 2012 (http://www.aragondigital.com/noticia.asp?notid=100872&secid=18). 

(2) De nuevo en el caso de Zaragoza: Renovación del Plan Integral del Casco Histórico de Zaragoza (2005:195).

(3) Valores de este índice inferiores a 0’3 indican una segregación baja entre el grupo estudiado y el resto de la población; valores entre 0’3 y 0’6 señalan una segregación moderada; y valores superiores a 0’6 revelan pautas de segregación altas (Massey y Denton, 1988).

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Esta entrada fue publicada el 11 diciembre, 2012 por en Foro Cátedra Zaragoza Vivienda.